Un alma envuelta en una coraza hermética que la hace ver fuerte, firme, decidida, segura, frívola;
Un alma que en su interior vive y padece sus emociones a puntos extremos y por ellas respira;
Un alma que aprendió que las circunstancias no determinan nada y por ello sólo un ser logró hacerla vibrar siendo que no cumplen con los requisitos de normalidad;
Un alma que se esfuerza cada día en mejorar, en crecer, en elevarse y que lo hace en secreto;
Un alma que logró hacerse amiga de la soledad luego de darse cuenta que era la única que siempre la acompañó y nunca la lastimó;
Un alma que no olvida olores, sabores, sensaciones, momentos, detalles;
Un alma que piensa antes de decir y siente antes de hacer;
Un alma que se arrepiente todas las mañanas el haberlo lastimado de la forma en que lo hizo y que no pide perdón porque todavía no pudo perdonarse ella misma;
Un alma que cada noche se va a descansar con la imagen de su mirada y de su sonrisa, para poder tener un sueño reparador;
Un alma que hace años no recuerda sus sueños; el último que tiene presente es con él;
Un alma que vive un mundo lleno de emociones, con la lágrima a flor de piel que le pide salir a cada momento y cada vez le cuesta más reprimirla;
Un alma que en su silencio pide a gritos ayuda;
Un alma que muchas veces sintió la necesidad de partir pero se dio cuenta que eso sólo lo hacen los cobardes;
Un alma que vive la vida como puede e intenta sacar lo bueno de cada cosa vivida y de almas encontradas;
Un alma que ya no espera, sólo persiste;
Un alma llena de contradicciones y de preguntas sin respuestas;
Un alma repleta de miedos que muchas veces no la dejan respirar;
Un alma simple a primera vista, pero compleja cuando se escarba en ella;
Un alma que lleva siempre consigo a esas otras almas que pasaron alguna vez por su lado y que la ayudaron a formar esto que hoy es;
Un alma agradecida de haberse cruzado con los que se cruzó porque todos les dejaron algo para aprender;
Un alma que observa desde lejos, permanece callada, pero siente y percibe todo a su alrededor.
Sapere aude..
viernes 27 de enero de 2012
miércoles 28 de diciembre de 2011
Viaje de negocios (y algo más)
El viaje de negocios a España que había realizado Franco estaba llegando a su fin. El balance sobrepasaba las expectativas iniciales y eso puso muy contentos a los accionistas al recibir el reporte de lo actuado.
Pero no todo fue negocios; el placer jugó un rol importante para el cierre de acuerdos. Su habilidad con las mujeres y su arma secreta resultaron extremadamente eficaces. Pero sin dudas, quien se llevó todos los méritos fue su ejecutiva de cuentas local, Ángela.
Siempre la deseó; su piel, sus labios, sus pechos, su cuerpo completo. Pero nunca pudo acceder ni siquiera a un sólo beso suyo. Le era indiferente total. Como si tuviera una armadura impenetrable, rechazaba todos sus embates.
Para celebrar el triunfo fueron a la discoteca Marmara. Le costó convencerla pero finalmente accedió. Él suponía que sería su último día en Madrid, pero no esperaba los acontecimientos que sucederían aquella noche.
Ángela estaba radiante. Llevaba un vestido de noche largo de color negro con detalles brillantes y unos escotes que se abrían paso por su espalda casi llegando a la cintura. Por delante, llegaba hasta su ombligo en el que lucía un piercing con un colgante de brillos, haciendo juego con sus aros y collar. La tela negra era fina, dejaba ver las marcas blancas de su piel que se traslucían descaradamente.
La excitación de Franco al verla fue tan evidente que ella no pudo pasarla por alto fijando su mirada en la parte delantera de su pantalón. Su pecho quedaba al aire al vestir una camisa de seda blanca casi sin abrochar con las mangas arremangadas.
La persona de seguridad del lugar ya sabía cómo recibirlos. Franco era un VIP de ahí y ya había acordado telefónicamente su festejo.
Cuando subieron solos por el ascensor, él se acercó bastante a ella, arrinconándola contra el vidrio. Ángela hacía el intento de zafarse con un fingido fastidio, pero eso lo puso más caliente. Franco paró por un momento el ascensor con la excusa de apreciar el paisaje del puerto (las paredes del elebador eran vidriadas y permitían ver la ciudad). Aprovechó para alabar su belleza, le decía lo bien que olía, lo agradecido que estaba de ser acompañado por tan hermosa mujer, acariciaba sus hombros casi desnudos apoyando su pelvis contra ella, hasta que al fin el ascensor siguió automáticamente y llegaron a la pista de baile.
El joven pensaba sólo en tener su cuerpo, en poseerla. Años de deseos contenidos y reprimidos por la actitud distante de ella. Pero esa noche no se le escabulliría de nuevo.
Intentaron acercarse a la barra con empujones por al cantidad de gente, notó los manoseos que recibió de los hombres y también de algunas mujeres. Ángela se mostraba molesta con cada roce, sobretodo los sufridos en sus nalgas, pero también recibió algunos en sus pechos que por momentos quedaban al aire libre, a la vista de los demás debido a su pronunciado escote. Él disfrutaba desde atrás sin intervenir. Estaba con su nivel máximo de lujuria.
Al llegar, Franco acercó su pecho al de ella con movimientos calculados pero muy calientes para elevar su temperatura. Los tragos no paraban de pasar por la boca de Ángela y eso hacía que baje la guardia.
Cuando ella menos lo esperó, él se llenó de valor y la tomó de la cintura pegando su cuerpo con el de la joven, y comenzó a besar su cuello como un hambriento de placer.
Ángela se dejó hacer. Disfrutaba los movimientos, caricias y besos recibidos. Pero las sensaciones que invadían su cuerpo fueron más fuertes que su razón y el rechazo. El deseo crecía desde su sexo y se propagaba por todo su cuerpo como impulsos llenos de una energía imparable. Jamás había sentido tan intenso placer con sólo un roce.
La boca de él comenzó a subir hasta su barbilla, y tomando su cabeza suavemente entre sus dos manos, le dió un beso intenso en el cual sus lenguas jugaron por unos cuantos minutos.
La gente de alrededor los observaba con envidia. Los hombres y algunas mujeres envidiaban su suerte. Tener arrinconada contra la barra a semejante hembra que era delicadamente gozada.
La respiración de él aumentaba. Estaba en un gran clímax casi a punto de estallar. La música fuerte, la oscuridad disuelta a ratos por las luces de la pista, el roce de la gente que pasaba o pedía un trago en la barra. Pero sobre todo, Ángela. Esa musa inalcanzable que ahora tenía en su piel era la fuente de energía sexual que jamás había sentido. La respiración de ella también se aceleraba cada vez más. Él quería devorarla, hacerla suya allí mismo. Pero no podía dar semejante espectáculo en público.
En un momento, Ángela llevó su mano a la entrepierna de Franco y comenzó a acariciarlo. Con cada movimiento, su cara de deleite y deseo se mezclaban con un suave gemido que retumbó en la boca de él que no paraba de besarla intensamente.
Era el momento de sacarla de allí. Su excitación se hacía cada vez más evidente. Sus deseos se cruzaban en miradas intensas y en besos apasionados. Sus cuerpos pedían mayor contacto.
Sin decirse nada, sólo con miradas, él tomó su mano y la llevó al ascensor. Le hizo unas señas al hombre de seguridad y los dejó entrar solos.
No esperó a que se cerraran las puertas para abalanzarse sobre ella. La arrinconó contra el vidrio mientas la besaba con locura, muy fuerte, casi violentamente. Eran años de deseos contenidos que se liberaban en un instante. Ella respondió cruzando sus brazos en su cuello y tomando su cabeza, empujándola contra su cara para fundirse en un beso que los dejara sin aliento.
Él quería más y no podía esperar. Paró nuevamente el ascensor y apagó las luces. Los iluminaba el brillo de la ciudad que penetraba el vidrio.
Metió sus manos por el escote trasero de su vestido y continuó con su manoseo. Para sorpresa de él, no llevaba ropa interior. Eso lo puso todavía más loco de deseo. Hacía un esfuerzo consiente para no correrse en ese preciso instante. Su mano acarició con fuerza sus glúteos mientras ella apoyaba su espada contra el vidrio para darle más espacio. Lo sentía firme y suave. Frío por fuera y caliente por dentro.
Sin sacar sus manos de allí, bajó besando su cuello y se detuvo entre sus pechos. Con su boca hizo a un lado la tela del vestido. Su pelvis estaba pegada a la suya refregando sexo contra sexo. Su mano se hundió entre sus nalgas duras con rumbo a sus genitales. Comenzó a besar y lamer su seno derecho, mientras ella jadeaba casi con un ronroneo de gata y se acariciaba el que había quedado libre reclamando atención. Cuando se percató de ello, se dedicó a darle el mismo trato. Ángela no paraba de gemir cada vez más intensamente.
De repente, Franco se separó de ella dando un paso hacia atrás para verla. Ni en sus sueños más calientes imaginó semejante escena. Estaba apoyada con su espalda contra el vidrio del ascensor, con sus manos acariciando sus pechos y el vestido escotado que pendía de un hilo en sus hombros bronceados y pecosos.
“Fóllame” le dijo susurrando entre jadeos, con su mirada deseosa fijada en su miembro excitado mientras corría despacio el vestido de sus hombros para dejarlo caer inevitablemente al piso quedando completamente desnuda.
En menos de un segundo, Franco bajó el cierre de su pantalón y la tomó de sus nalgas levantándola, la penetró suave, de pie, mientras la besaba intensamente. No despegaban sus bocas incluso cuando ella gritaba de placer. La sensación de calor y humedad que sentía en ese empuje lento e interminable lograron aumentar sus deseos cada vez más.
Sus fuertes gemidos retumbaban en el ascensor y se mezclaban con la música que sonaba en Marmara.
Luego de una penetración lenta, haciendo un gran esfuerzo por no correrse enseguida, Franco inició un movimiento furioso y apasionado sin despegarse de su boca con besos y mordiscos. Ella arañaba su espalda en respuesta al éxtasis provocado por el frenético acto sexual. Sus senos se balanceaban al ritmo de sus gemidos.
Nuevamente él se detuvo, la bajó y la dio vuelta, poniéndola de espalda. Su respiración excitada empañaba el vidrio en cada exhalación. Inmediatamente volvió a penetrarla en un solo movimiento pélvico y continuó rabiosamente. La traía hacia él tomándola fuerte de la cintura y ella a su vez, empujaba sus nalgas contra el abdomen de su compañero volviéndolo loco. Ya no aguantó más y Franco, en menos de un minuto se corrió en grandes cantidades dentro de la joven.
Ella quedó en esa posición unos instantes como esperando más; él pensó en hacerlo de nuevo pero quería alargar la noche y no realizar todo en ese momento.
Le ordenó que se vistiera a lo que Ángela obedeció subiendo lentamente su vestido como si hiciera un show de streap tease a la inversa con movimientos sensuales de caderas, tocándose toda. El joven continuaba excitado y con ese mini show casi se tiró sobre ella nuevamente pero logró controlar sus impulsos. Continuaron viaje en el ascensor, llegaron a la planta baja, salieron y tomaron un taxi. Allí siguieron los besos apasionados y caricias atrevidas mientras se acercaban a la suit de la empresa.
Al llegar al edificio, estuvieron a punto de repetir la escena del ascensor de la disco. Pero él volvió a contener la lujuria. Se abrazaron dejando sus cuerpos pegados uno contra el otro mientras se fundían en un beso intenso; sus respiraciones aumentaban, sus cuerpos se frotaban, sus manos apretaban suavemente sus carnes.
Llegaron a la habitación. Casi sin cerrar la puerta a Franco le agarró el apuro. Loco de pasión la desvistió furiosamente. La quería toda desnuda ya! No aguantaba un segundo más. Tiró su vestido hacia atrás. Ángela se entregaba sin hacer nada. Solo cerraba los ojos y disfrutaba. Una vez que ella quedó desnuda, comenzó a desnudarse él también.
No pasaron ni 30 segundos desde que entraron a la suite que ya estaban desnudos en la sala. Él se pegó a su cuerpo apoyado contra la pared y fue bajando, besando todo a su paso. Sus labios, sus orejas, su cuello, su mentón, su cuello de nuevo, el canal entre sus pechos, su panza, su ombligo, sus caderas, su pelvis. Las manos de Franco acompañaban ese recorrido acariciando su espalda hasta quedarse en su trasero, el que acarició y apretó suavemente.
Se detuvo en su pelvis para olerla intensamente. Ese olor a sexo lo encendió más, llevándolo a un estado de pasión extrema.
Ángela abrió sus piernas y tomando la cabeza de su hombre con sus manos, lo empujó hacia ella con fuerza. Arrodillado frente a su pelvis, puso la pierna derecha de su compañera sobre su hombro y comenzó a lamerla. Las manos continuaban sobre sus nalgas y lo ayudaban a pegarse más y más a su cuerpo. Ella estaba en un clímax intenso que se expresaba en fuertes gemidos, y en sus manos que tiraban del cabello de él.
Franco se detuvo por un instante. Estaba muy loco pero hacía todo despacio. No quería que la desesperación arruine el placer. Pero tirando más de su pelo, lo obligó a continuar.
Al cabo de unos minutos de fuerte labor, Ángela llegó a su orgasmo gritando y gimiendo fuerte. Su cuerpo vibraba y perdió fuerzas que casi cae al suelo pero él logró sujetarla a tiempo. Estaba como desmayada apoyada con su espalda en la pared; su pierna en el hombro de él, y las manos de él apretando sus glúteos. Franco se paró, levantándola en brazos y la llevó a la cama.
En el trayecto hacia el dormitorio, apareció semidesnuda y medio dormida, la secretaria privada del joven ejecutivo, Natasha, quien se había despertado con los gritos de placer de Ángela.
Apenas percibió su presencia, Natasha reprochó como niña caprichosa que la haya despertado en plena madrugada después de un día tan intenso de trabajo. Pero sin darle tiempo a que note que la mujer que estaba allí era Ángela, Franco se la ofreció dejándola caer suavemente sobre la cama mientras le dijo "Mirá lo que te traje bebé, un bombón mediterráneo". Fue cuando observó bien quien era esa belleza. Mordiéndose los labios se abalanzó sobre Ángela que excitadísima se entregó a la secretaria del muchacho; una secretaria más que privada, íntima.
Mientras Natasha acariciaba y besaba Ángela, él se dedico a desvestirla. Realmente esa jovencita era la mejor amante que tenía y con quien comparte momentos de gran lujuria. Ambos disfrutan de las mismas mujeres siempre que se puede, pero lo mantienen en secreto.
Como pudo le sacó la solera que usaba Natasha como ropa de cama. Al hacerlo, sus pechos grandes, redondos y firmes, quedaron expuestos a las caricias de él.
Sin entorpecer la labor de esas hermosas mujeres, se dedicó a disfrutar la escena contemplando extasiado. Ángela, boca arriba en la cama, miraba con los ojos semi abiertos y sus brazos hacia atrás, permitia que Natasha le besara los pechos y bajara hacia su sexo lentamente. Haciéndose desear, le acariciaba y besaba todo su cuerpo, con caricias muy sensuales e interminables. Ángela respondía gimiendo y contorneándose.
La sensualidad y sexualidad se podía sentir en la habitación. Los suaves gemidos de ambas, la mezcla de olores y perfumes distintos, la penumbra del amanecer que se colaban por la ventana. Todo creaba un ambiente extremadamente excitante.
No se pudo contener, y mientras Natasha lamía el sexo de Ángela, Franco se sumó al juego lamiendo el cuerpo de su secretaria, creando una cadena de éxtasis, goce y disfrute total.
De pronto, Ángela comenzó a anunciar a gritos que llegaba a su orgasmo mientras tomaba de la cabeza a Natasha empujándola sobre su pelvis sin dejarla ir hasta que terminara convulsionando de placer.
Victoriosa, Natasha le suplicó a Franco que la penetre por detrás. Ni un segundo pasó cuando él ya se encontraba moviéndose dentro de ella hasta hacerla estallar en una seguidilla de orgasmos intensos. Ángela ante la situación que excitaba todos sus sentidos, aprovechó para tomarle los pechos de su compañera con sus manos acompañando el movimiento de las embestidas. Junto a sus caricias, besaba sus labios de forma dulce, acallando los gemidos.
Estando a punto de estallar, el hombre se salió rápidamente de Natasha y acercó su miembro a las bocas de sus jóvenes amantes para correrse en ellas.
Franco cayó rendido en la cama. El último recuerdo que tiene es el de las jóvenes mujeres abrazadas al lado de él, besándose tiernamente, hasta calmar su respiración.
miércoles 2 de noviembre de 2011
Diferencias sexuales.
Las mujeres tenemos por costumbre decir que son todos iguales, y ellos se enojan cada vez que los acusamos de eso y se excusan bajo la frase “yo soy distinto”.
Como esta situación viene repitiéndose una y otra vez en todos los casos, me sentí casi obligada a pensar y reformularme si eso de que son cortados todos por la misma tijera es tan cierto como mi género lo afirma.
Analizando la cuestión (debo reconocer que también influenciada por algunos monólogos de stand up escuchados por ahí) llegué a una conclusión: los hombres no son todos iguales sino que se los pueden diferenciar en dos grandes grupos: los que te quieren coger, y los que ya te cogieron.
El que te quiere coger es un divino total, casi el hombre ideal: te llama todos los días para saber cómo estás, vive enviándote mensajes de texto para preguntarte cómo te está yendo en el día, se preocupa por vos, te hace regalos, te lleva a pasear, aparece con ramos de flores o cajas de bombones (o las dos), le gusta lo que a vos te gusta, le resulta interesante hablar de lo que sea, te presta atención cuando le hablás, te acompaña hasta a visitar a tu abuela internada en un geriátrico y se preocupa por ella!! Pero claro, todo esto lo hace con un sólo objetivo: cogerte. Una vez que lo logra, pasa a formar parte del segundo grupo.
El que ya te cogió simula estar escuchándote cuando le hablás pero en realidad está pensando en lo buena que está la nueva compañera de trabajo, te llama sólo cuando necesita un favor, ¿regalos? ¿flores? ¿bombones? ¿qué es eso?, podés estar contándole el drama de tu vida que él va a seguir mirando ese bendito partido de fútbol sin inmutarse, ¿demostraciones de afecto? ¿para qué?, no te halaga nunca, dejaste de ser su princesa para pasar a ser “la loca” o “la bruja”, es escalógico al extremo delante tuyo y lo festeja, jamás recuerda lo que le dijiste media hora antes porque claro, estaba fantaseando con su compañerita de laburo.
Nos guste o no, tenemos que reconocer que esta teoría y diferenciación no está muy alejada de la realidad. Igualmente, quien me conoce sabe que me gusta ser justa con las cosas, así que haciendo un análisis más profundo también logro separar a las mujeres en dos grandes grupos (nosotras tampoco somos todas iguales!!!) y manteniendo la misma línea de pensamiento anterior, puedo afirmar que dentro del género femenino están, por un lado, las bien cogidas, y por el otro, las mal cogidas.
Las bien cogidas siempre se ven espléndidas, caminan erguidas, con la frente en alto, sonrientes ante quien se les cruce, tienen ese carisma a flor de piel, la piel suave y tersa, se visten de última moda, nada borra su sonrisa, podés cruzarlas a las 5 de la mañana de un lunes que ellas van a estar divinas, saben atrapar la mirada de cualquier hombre, demuestran una seguridad absoluta.
Ahora bien, en el otro rincón están las mal cogidas. Estas pobres criaturas son la cara opuesta: 30 años y aun tienen acné, lloran por cualquier cosa, hace meses (o hasta años) que no pisan una peluquería para un baño de crema al menos, se visten con lo primero que encuentran (generalmente colores apagados), su mejor plan (o el único que les queda) para un sábado a la noche es meterse en la cama a mirar películas y comer chocolates… sola!!! Hace tiempo no se compra ropa ni zapatos nuevos, parecen (y es así) estar amargadas con la vida, crean un blog para poder expresarse libremente y sen tir se escu cha..... da…
Bueno basta! El análisis terminó acá!!!!!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



